Novas edicións dixitais

No noso país xa non é novidade a aparición de obras enteiras na rede. Podemos lembrar a aparición de editoras exclusivamente dedicadas ao formato dixital como Edicións da Rotonda (Carlos G. Meixide) ou proxectos que se apoiaron na rede para maior difusión de obras inicialmente publicadas en papel, como Os cadernos de Azertyuiop (François Davó, Tati Mancebo, Xavier Marotte, Roger Colom, Pedro Casteleiro, Amadeu Baptista, Mário Herrero, Dulce Fernández, Alfredo Ferreiro), para alén doutras portuguesas en que xa tantos galegos publicaron á vontade, como a Arcos Digital (Mário Herrero, Concha Roussia, Alberte Momán).

En datas recentes María Lado ofrece o poemario Berlín tanto recitado por ela mesma e musicado por Fanny+Alexander en mp3 (26 MB) canto en formato PDF, aproveitando a albergaría d’ A regueifa plataforma. Alberte Momán, por súa parte, pon na mesa pública a súa última obra narrativa, O alento da musa (Difusora de Letras, Artes e Ideas), xunto co caderno de poesía Déixanse levar.

Os soportes dixitais na maioría dos casos non fornecen novidades, para alén da accesibilidade aos materiais literarios. Porén, están a darse obxectos literarios híbridos co audiovisual que, con tantas ferramentas de edición como xa existen, abren espectativas moi interesantes. Ora, non pensen por iso que “calquera cun computador fai o que quere”, pois para facer obras que merezan o digno adxectivo de artísticas hai que aglutinar talento, versatilidade, esforzo e paciencia, cousas que os autores galegos non sempre temos, sobre todo as dúas últimas.

Pode lerse estes días no Blogue de Vázquez-Figueroa: «A partir de ahora mis novelas se editarán simultáneamente en edición “cara”, de las llamadas “de tapa dura”, en edición de bolsillo a mitad de precio, podrán descargarse gratuitamente en “Internet” y todos los periódicos o revistas que lo deseen están autorizados a publicarlas al estilo de las antiguas novelas por entregas con la diferencia que en este caso no tendrán obligación de pagarme nada en concepto de derechos de autor. […]
Folletines del estilo de “Los tres mosqueteros”, “Los Miserables” o “El Conde de Montecristo” consiguieron que, al poder acceder gratuitamente a tan magníficos textos, en el transcurso de una sola generación el número de lectores franceses se multiplicara por tres.
Los editores no tienen derecho a quejarse de que “se lee poco” mientras mantienen el control sobre el precio de lo que en ese momento interesa, ni las autoridades deberían promover absurdas campañas publicitarias que no conducen mas que a gastar dinero; lo que deben hacer es presionar a los editores a la hora de poner los libros al alcance de todos los bolsillos.
Personalmente prefiero que me lean dos estudiantes, obreros o secretarias en el autobús por siete euros, que un alto ejecutivo en su cómodo despacho por veinte, porque aunque gane menos si el libro es bueno esos dos lectores se convertían en cuatro y luego en ocho, y resulta evidente que existen muchos mas obreros, estudiantes y secretarias que altos ejecutivos.
Y si el libro es malo ni unos ni otros lo compraran.
En cuanto al hecho de ofrecerlo gratuitamente en “Internet” tengo claro que quien lo descargue de la red nunca hubiera comprado mi novela, o sea que prefiero que me lea gratis a que no me lea. […]
En Inglaterra, país culto donde los haya, los escritores no pagan impuestos por el fruto de su trabajo, pero en España, pese a pertenecer también a la Unión Europea, cada año debo entregar la mitad de mis ingresos a Hacienda o me embargan.
Eso significa que un escritor ingles cuenta con el doble de medios económicos que yo para viajar o investigar a la hora de encarar un nuevo trabajo.
Eso no evita que las autoridades españolas se lamenten de que nos esté invadiendo la cultura anglosajona, y lo único que se les ocurre para remediarlo es adquirir los más emblemáticos y costosos edificios de cada capital con el fin de instalar un nuevo Instituto Cervantes en el que dar cobijo a “intelectuales” afines al partido que se encuentre en esos momentos en el poder. […]
Siento curiosidad por saber si las editoriales continuaran con su absurda política inmovilista o comprenderán que es hora de renovar unos hábitos que no han evolucionado un ápice en trescientos años mientras que a su alrededor el mundo se transforma a marchas forzadas. […]
Resultará muy interesante comprobar si los Ministerio de Cultura y Hacienda seguirán opinando que es preferible que los empresarios- en este caso los editores- continúen manteniendo el privilegio de abaratar los precios únicamente cuando les convenga sin tener en cuenta los intereses de los lectores, al tiempo que no cesan de apretarle las clavijas al pobre trabajador- en este caso el autor.
Por lo visto un gobierno que se autodenomina socialista considera que es preferible proteger al que se beneficia económicamente de la cultura que al que la crea.
Existen varias editoriales multimillonarias, pero ni un solo autor español mínimamente “acomodado”.
El viejo dicho, “En España escribir es llorar” ya no tiene sentido: debería decirse “En España escribir- y leer– es pagar”.»

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